Nunca pensé que podría llegar a ser madre sin dar a luz. Para mí, la maternidad siempre fue un tema de alto valor, algo que desde muy joven anhelaba disfrutar. Debo conservar en algún lugar la lista de los posibles nombres que le pondría a mis hijos organizados en dos columnas, según su sexo.
Sin embargo, Dios tenia otros planes. No fue después de diez años de casada que Él me hizo mirar alrededor y descubrí que ya era madre, y no lo sabia. Había estado enfocada en mis anhelos, que después de todo eran legítimos. ¿Cómo no se iba a agradar Dios de que tuviéramos niños? No recuerdo haberle preguntado al Señor al inicio de mi matrimonio si eso estaba en Sus planes o no, ¡simplemente lo asumí! ¡Qué ciega me encontraba! No digo que tener hijos no es parte del plan de Dios para el matrimonio, sino que en mi caso, Él tenia otros planes.
Así que, luego de unos años de búsqueda, confusión y tristeza, Dios me hizo ver que debía entregarle todos mis anhelos, incluyendo ese, tan preciado. ¡Entonces ocurrió el milagro!
Mis ojos fueron abiertos y pude darme cuenta de que estaba rodeada de hijas. Descubrí que puedo ser madre espiritual de jóvenes que nacieron para Dios, pero que necesitan ser guiadas y cuidadas. Poco a poco fui consciente de cómo Dios había entrelazado nuestras vidas, cómo me llenó de un amor sobrenatural para ellas. Qué privilegio es poder dar vida, nutrir espiritualmente a mujeres tan diferentes a mí y tan diferentes entre ellas mismas. Ver a Dios obrar en sus vidas me ministra sobremanera.
Mis ojos fueron abiertos y pude darme cuenta de que estaba rodeada de hijas. Descubrí que puedo ser madre espiritual de jóvenes que nacieron para Dios, pero que necesitan ser guiadas y cuidadas
No hay duda, toda mujer fue hecha para nutrir. Dios que es tan sabio y creativo sabe cómo crear las condiciones para que podamos llenar ese rol. No importa la edad que tengas, si eres casada o soltera, si tus hijos ya se casaron o aún están en casa; todas podemos ser madres espirituales de alguna niña, adolescente, joven o adulta que esté cerca. No pierdas el privilegio de nutrir a alguien, de acompañar a una hermana en su camino a la eternidad.
Quizás te preguntas cómo hacerlo, cómo iniciar. Lo primero que necesitas hacer es orar. Habla con Dios acerca de tu anhelo de servirle y de los obstáculos que percibes que te impiden iniciar: “no tengo tiempo”, ” no sé que decirle”, ” ¿cómo me acerco?”, “no estoy capacitada, no he estudiado en un instituto”. Pídele a Dios que derrumbe esos obstáculos y te haga ver que es Él quien obrará en ti. No estarás sola en esto. No se necesita tener todas las respuestas, solo se necesita que Su amor te capacite para amar a otras.
Todas podemos ser madres espirituales de alguna niña, adolescente, joven o adulta que esté cerca
Pídele en oración que abra tus ojos a la necesidad que hay a tu alrededor, y ¡prepárate! ¡Te sorprenderá lo que verás! No te abrumes, Dios te guiará a esa persona a la que Él quiere que te acerques, ora por ella y Dios abrirá puertas. A veces, solo con decirle a alguien que oras por ella te estás acercando. Una vez te hayas acercado, empieza a escuchar ese corazón y poco a poco la relación se irá entrelazando.
Dios te guiará, estoy segura. En el proceso descubrirás cuán fértil puedes ser desde el punto de vista espiritual.
¿Sabes? Es posible que ya seas madre espiritual y aún no te hayas dado cuenta. ¿Cuántas hijas espirituales tienes? ¿Cuántas mujeres a tu alrededor les gusta hablar contigo buscando un consejo bíblico para sus vidas? ¿Cuáles te llaman para que ores por ellas y luego anhelan contarte cómo Dios respondió la oración? ¿A cuántas mujeres solo con ver su rostro puedes ver mas allá de lo que otros pueden ver?
¿Cuántas mujeres a tu alrededor les gusta hablar contigo buscando un consejo bíblico para sus vidas?
Dios nos diseñó con la capacidad de nutrir y dar vida a otros. Y eso va mas allá de lo biológico. No limites esa bendición, será grato para ti, ¡pero aún más para Dios!
“Porque Yo sé los planes que tengo para ustedes,’ declara el Señor ‘planes de bienestar y no de calamidad, para darles un futuro y una esperanza. Ustedes me invocarán y vendrán a rogarme, y Yo los escucharé. Me buscarán y Me encontrarán, cuando Me busquen de todo corazón”, Jeremías 29:11-13.