Una historia de gracia
El libro de Hechos presenta la historia de la gracia de Dios que inunda el mundo, desde la cruz y la resurrección de Jesús en Jerusalén hasta los confines de la tierra. Nada es más prominente en Hechos que la difusión del evangelio. Jesús promete una expansión geográfica desde el principio, y Hechos sigue la noticia de Su muerte y resurrección a medida que se extiende desde Jerusalén hasta Judea, Samaria y la lejana capital de Roma: «pero recibirán poder cuando el Espíritu Santo venga sobre ustedes; y serán Mis testigos en Jerusalén, en toda Judea y Samaria, y hasta los confines de la tierra» (Hch 1:8).
El primer elemento en la mente de Jesús (después de la resurrección) es que los apóstoles esperen el poder del Espíritu Santo. Este poder lleva a ser un «testigo» que sale de Jerusalén. El hecho de que Jesús señale a Samaria muestra que el evangelio trascenderá no solo la geografía (Jerusalén y Judea), sino también la etnicidad.
La tarea principal del pueblo de Dios es dar testimonio de Sus grandes obras. Los primeros discípulos fueron encargados de dar testimonio del Cristo resucitado, a quien habían visto. Este testimonio comenzaría en Jerusalén, pero avanzaría «hasta los confines de la tierra» (Hch 1:8). En estos versículos, Jesús no ordena a Sus discípulos que realicen ciertos rituales, que actúen de acuerdo con ciertas reglas o que se abstengan de ciertas actividades. Por el contrario, Jesús les promete que testificarían de Su poder cuando el Espíritu Santo viniera sobre ellos.
Este no es un concepto exclusivo de Hechos o del Nuevo Testamento. Dios siempre se ha interesado en que Su pueblo reflexione sobre lo que Él ha hecho y se lo cuente a otros. El pueblo de Dios siempre ha sido principalmente testigo de Su grandeza. «Yo te he redimido», afirma Dios en Isaías. «“Ustedes son Mis testigos”, declara el SEÑOR, / “Y Mi siervo a quien he escogido, / Para que me conozcan y crean en Mí, / Y entiendan que Yo soy» (Is 43:1, 10).
El poder de Dios
Comprender el significado de la frase «recibirán poder» en Hechos 1:8 requiere que reflexionemos sobre la pregunta que los discípulos de Jesús plantearon en Hechos 1:6: «Señor, ¿restaurarás en este tiempo el reino a Israel?». El «reino» que les interesaba era uno de poder político y militar. Durante la época en que se escribieron estos versículos, el poder físico y puro de los romanos había dominado el mundo judío durante muchas décadas. Pero Israel ya había sido ocupado antes, y la última vez un grupo de rebeldes había expulsado a los invasores por la fuerza. Los discípulos se preguntaron si Jesús estaba planeando algo igual de heroico, algo que les mostraría a ellos mismos y al mundo de qué estaban hechos.
Dios está en el centro del mensaje del evangelio, la noticia de que la reconciliación con el Padre ahora es posible por medio de Jesucristo
Afortunadamente, la visión que Jesús tenía del poder era de otro tipo. «Recibirían» poder, pero no era un poder para el dominio político o los conflictos militares. Era el poder del Espíritu Santo: Dios morando dentro de ellos y transformándolos. Parte de este poder significaba estar equipados para ser testigos (Hch 1:8).
El consuelo del poder del Espíritu Santo es el que comienza, no con nuestras habilidades naturales, sino con mirar afuera de nosotros mismos. Así como un testigo en un tribunal es más poderoso cuando describe con sinceridad los eventos que ha visto u oído, los seguidores de Jesús reciben poder para hablar de la transformación que Dios obra en ellos.
Dios es central para la expansión del evangelio. Él está en el centro del mensaje del evangelio, la noticia de que la reconciliación con el Padre ahora es posible por medio de Jesucristo. Dios el Espíritu Santo es responsable del crecimiento de la iglesia y de su notable expansión.
En el libro de Hechos, «gracia» es un paralelo de «evangelio» o «salvación». El mensaje de Jesús se resume como «la palabra de Su gracia». Se dice que los creyentes han recibido «gracia» o están «llenos de gracia», y se les desafía a continuar en la «gracia». Los testigos en Hechos proclaman la gracia de Dios y es por medio de esta gracia que la gente es capaz de responder con fe.
El libro de Hechos revela la búsqueda apasionada de Dios por Su pueblo, comenzando con Sus seguidores en Jerusalén, expandiéndose a Samaria y luego al resto del mundo. Al final del libro vemos a Pablo viviendo en Roma «predicando el reino de Dios y enseñando todo lo concerniente al Señor Jesucristo con toda libertad, sin estorbo» (Hch 28:31).
El evangelio avanza
La expansión del evangelio es la culminación de lo que Dios ha estado haciendo desde el principio. Lucas consistentemente fundamenta la salvación en el antiguo propósito de Dios, el cual llega a buen término por iniciativa de Dios. Esto revela que Dios es el gran benefactor que derrama bendiciones sobre todas las personas. Incluso la oportunidad de arrepentirse es un regalo de Dios.
La oposición y el sufrimiento no impiden la difusión de la gracia de Jesús; más bien, solo lo alimentan
En Hechos, el evangelio se expande no por medio de la fuerza humana, sino por medio de la debilidad, la oposición y la persecución. Fuerzas demoníacas, poderes y autoridades mundanas, oposición gubernamental, barreras lingüísticas y culturales, sufrimiento intenso y persecución sangrienta, encarcelamiento injusto, incredulidad, división interna e incluso naufragios y serpientes amenazan con frenar el avance del evangelio. Sin embargo, la oposición y el sufrimiento no impiden la difusión de la gracia de Jesús; más bien, solo lo impulsan.
Hechos muestra que el nuevo movimiento cristiano no es una secta marginal, sino la culminación del plan de redención de Dios. Lo que en el Antiguo Testamento se veía solo como sombras, Dios lo revela final y plenamente por medio de Jesucristo. El libro de Hechos no nos proporciona principalmente patrones humanos para emular o evitar. Más bien, nos llama repetidamente a reflexionar sobre la obra de Dios, cumplida en Jesucristo, estableciendo la iglesia por el poder del Espíritu Santo. Estamos invitados a entrar y participar en una historia que es mucho más grande que nosotros.
Todas las personas están invitadas a recibir la gracia de Dios por medio de un solo hombre, Jesucristo. El evangelio de Jesús llega a todos los lugares y a todo tipo de personas, porque Jesús es el Señor de todos.